Cuando me lo explicó Marcos Guerrero, el fundador de Code Lemuria, quedé helada. Cuánto tiempo perdido! cuanto dolor y humillación por no entenderlo antes! Nací reina y me bajé del trono.

Las mujeres tenemos el útero, la copa – que históricamente, ancestralmente, siempre se habló de la copa sagrada, el cáliz- que es capaz de gestar la vida.

Sólo por tener útero nacemos reinas.

Nos caemos o bajamos del trono porque desde que nacemos nos dicen que tenemos que hacer algo más -que aprender a ser reina- para ejercer nuestro rol: tenemos que aprender a actuar como un hombre.

Así, nos caemos de nuestro trono y bajamos a competir con los hombres. Queremos ser importantes como ellos, por no comprender que nuestro rol es invaluable, es imposible ponerle valor al poder de gestar y crear vida.

El camino del hombre es distinto, él tiene que crearse rey… él nace paje!

La masculinidad se construye, la feminidad es.

Tu desafío es aprender a conducirte como una reina. Esa que está sobre el monte arriba de su trono, que sabe que, quien sea digno de ella, llegará ahí,. Que inspira a todos quienes la ven a subir el monte y ser mejor:

Ser digno de la reina.

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