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Todas nacimos reinas

Cuando me lo explicó Marcos Guerrero, el fundador de Code Lemuria, quedé helada. Cuánto tiempo perdido! cuanto dolor y humillación por no entenderlo antes! Nací reina y me bajé del trono. Las mujeres tenemos el útero, la copa – que históricamente, ancestralmente, siempre se habló de la copa sagrada, el cáliz- que es capaz de…

ACHICARME PARA CABER

Crecí en un lugar donde las normas sociales eran más importantes que comer. Lo que vayan a pensar los demás, que dormir.

Había un stress constante sobre lo que «los otros se pueden dar cuenta». Se te corrió el maquillaje, saludaste de una forma no convencional… y para qué decir las opiniones!

Siempre quise saber quien determinaba lo que era correcto pensar y lo que no, porque por lo menos en mi colegio, mis compañeras eran la policía de los pensamientos incorrectos. Nada podía salir de la norma y había personas que medio se adjudicaban a si mismas -y las otras le hacían la venia- la potestad sobre lo que se podía o no.

Y todas como hormigas trabajando para ser aceptada por esa que tenía el «poder». Qué cansancio! 

Ese recuerdo es la consecuencia de algo mucho más profundo: la inseguridad.

Nos enseñan a temerle a la vida. A imitar para no innovar. Quien innova corre el riesgo de quedarse solo, de ser visto. Y si es visto es ser juzgado.

Te pasa que quieres ser vista y apreciada? Te pasa que también tu misma lo boicoteas? Es por eso: aprendiste que cualquier acto que se salga de la norma llama a la policía social.

El sistema nos enseña a imitar y luego envidiar a quienes son libres.

Y sabe que, cuando eres libre, las otras personas no son una amenaza para ti.